Amor de mi vida, y de otras
A veces el amor no es infinito, a veces sucede y asimismo se va. A veces, sólo aparece para dar lecciones, aunque los involucrados no terminen de soltarlo jamás. Aunque es un lenguaje universal, creo que cada persona emana y comparte un amor que no se repite en ningún otro sitio. Por muy intenso y honesto que sea, nunca será igual.
Para mí, es la respuesta de por qué no estamos con quien decimos realmente querer. No lo pongo en duda, sólo que unos nos marcan de maneras diferentes. Es amor, sí que lo es. Lo sé, lo viví y no puedo compararlo con ningún otro, no sólo por estar enamorada, sino porque él me ofreció lo mismo que todos pero con una energía diferente. Algo que me cautivó y, sin dudas, cambió algo en mí. ¿Eso quiere decir que es el amor de mi vida? Quizá sí, pero quizá no sea el único. Quizá nunca sienta eso con nadie más, pero vuelvo al punto anterior, nadie me hará sentir lo mismo porque nadie es idéntico a él, nadie tiene su huella dactilar, y cada individuo ofrece lo que tiene dentro, que nadie puede igualar. Cada uno deja una huella diferente en otro, el patrón nunca será el mismo, y, por ende, lo que transmite tampoco.
Conocí a alguien con algo muy especial en sí, que me quiso y le quise, pero no estaba destinado ser. O quizá si fue, sólo que no coincidió con nuestras ideas. Quizá, y estoy casi segura de que así es, hay alguien ahí afuera que nunca ha marcado a nadie lo suficiente para ser un amor de vida completa, o sí, pero no era el amor de su vida correcto.
Quizá está esperando por mí... Y yo por él
