Hoy quiero decirte aquello que nunca te dije. Quiero finalmente volver a ser yo, y, créeme, es bastante difícil cuando sientes que tienes tanto por decir. Llega a ser gracioso, porque creo que crees que te lo he dicho todo, ¿te acuerdas? Aquel día que te dije que tenía que sincerarme. Pero, no. Aún falta.
No te dije que he estado absoluta y locamente enamorada de ti. Que me hiciste mucho daño. Que todas tus mentiras, me hacían llorar. Que incluso pasaba noches sin dormir, pensando en lo que nunca fuimos ni seremos. Que cuando lograba dormir, la tristeza me despertaba de un salto. También, que recuerdo claramente tu cabello encrespado y desordenado cuando acabas de despertar, la ilusión que siempre han reflejado tus ojos, las comillas que se crean en las comisuras de tus labios cuando lanzas un esbozo de sonrisa y cuando sonríes realmente, haciendo relucir todos tus dientes. Recuerdo tan bien lo áspero de tu barba y el sonido que hacían mis uñas al acariciarla, el tic nervioso que tienes en el brazo derecho, que hace que éste salte de vez en cuando. Tus malos chistes y manos grandes, lo extraño que te ves con lentes oscuros, lo poco bailarín que eres, lo mucho que sabes de algunos temas y la pasión con la que los debates. Pienso mucho en tu mal humor sin lógica, en lo tajante y cruel que puedes llegar a ser, en la manera tan hiriente con que llegas a expresarte, en lo duro que eres contigo mismo, y con los demás.
En fin, sólo quiero decirte que recuerdo todo eso con detalle, que me dolió y aún me duele, pero sólo en aquellas noches frías cuando lo único que viene a mi mente, es lo bueno que hubiese sido poder ser.
Quería decirte todo lo que no te he dicho, y aunque nunca vayas a leer estas letras, te agradezco y me libero de ti, completamente y sin titubear

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